Thai Yoga Massage

     

"Siente la presencia de tu respiración y la suya, sintiendo el peso de tu cuerpo para relajar el suyo, reconociendo la belleza del alma, unifica y mueve y danza. Siempre a gusto, sin juzgar, para cada uno de nuestros hermanos y hermanas". Dayalu

El masaje tailandés tradicional se remonta a hace unos 2.500 años en la India, en tiempos de la medicina ayurvédica y el yoga. Fue llevado a Tailandia como una práctica médica por un famoso médico indio "Jivaka Kumar Bacchi", el médico personal del Buda y médico de los monjes en los monasterios de la época. La enseñanza y el intercambio de generación en generación y de maestro a alumno ha hecho este masaje el arte de curación intuitiva que es. Junto con la medicina a base de hierbas, la nutrición y la práctica espiritual, el masaje tailandés constituye el núcleo de la medicina tradicional tailandesa y es por esta razón que el tratamiento es más una práctica espiritual, estrechamente relacionado con las enseñanzas del Buda. La aplicación de METTA (compasión) y Vipassana (meditación) permite que tanto el donante y como el receptor abran los canales de energía para obtener salud.

Es una danza sagrada, una comunión que dos personas utilizan para desbloquear el estancamiento de energía. Se trata esencialmente de una antigua técnica de sanación para despertar nuestra llama espiritual y terapeuta interior. Aprender el bello arte del masaje tradicional tailandés no es sólo memorizar una serie de ejercicios, ni pensar que podemos curar alguien de su enfermedad. Se trata de aprender a dar de corazón con compasión y tener un profundo conocimiento del sufrimiento de la otra persona. Todos somos uno. Somos reflejos de las fortalezas y debilidades de cada uno Todos estamos conectados. Aprender a dar y recibir... tocar... para respirar... sentir. Cuando damos un masaje, no pretendemos curar a nadie , nuestro objetivo es ayudar a otros a creer que pueden y serán curados si así lo voolen . Cuando estamos conectados con el Divino el proceso de curación simpelment sucede. Sólo somos canales para recordarnos unos a otros este principio. Y así, la danza comienza...